El Patrón Rico le pagó 30 años con “Monedas viejas”, llenas de barro… Sin saber quién era…

El Patrón Rico le pagó 30 años con “Monedas viejas”, llenas de barro… Sin saber quién era…

El sobre cayó sobre la mesa con un ruido seco. Dentro, algo pesado se movió. Monedas. Don Esteban abrió el sobre despacio. Sus manos temblaban, no de emoción, sino de algo que todavía no tenía nombre. Adentro había monedas viejas cubiertas de barro seco, opacas, casi negras. Olían a tierra húmeda y abandono. Levantó la vista hacia el hombre frente a él, el patrón. Don Alfredo Salinas. Traje impecable, reloj de oro, perfume caro, sonrisa fría. Ahí está tu pago, Esteban.

30 años de trabajo. Cuéntalas si quieres. Esteban no dijo nada, solo miraba las monedas sucias, viejas, como si las hubieran sacado de un pozo olvidado. ¿Algún problema?, preguntó don Alfredo cruzando los brazos. Esteban negó con la cabeza, cerró el sobre, se levantó, salió de esa oficina sin decir una palabra porque sabía que si abría la boca lo que saldría no sería digno de él. Afuera, el sol pegaba duro. La finca se extendía enorme, verde, próspera. Esteban había sembrado cada metro de esa tierra.

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