Cuando nació nuestro hijo, Don Raúl lo sostuvo con manos temblorosas.
Tenía lágrimas en los ojos.
Susurró algo que nunca olvidaré:
—La vida no se mide por los años… sino por los momentos que hacen que esos años valgan la pena.
Los vecinos vinieron a celebrar discretamente.
Trajeron comida, mantas y pequeños regalos para el bebé.
Sin pedir nada a cambio.
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