Todavía hay personas que creen que me casé por dinero.
Ya no discuto con ellas.
Porque la verdad es mucho más simple.
Me casé para proteger a un hombre que merecía dignidad y compañía.
Y en el proceso descubrí un amor que no tiene fecha de vencimiento.
Ahora, cuando veo a nuestro hijo correr bajo el limonero del patio, recuerdo el juicio, las acusaciones y el veredicto.
Y sonrío.
Porque ningún tribunal del mundo puede quitar lo que ha sido construido con amor.
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