La larva se fabrica una especie de «saquito» o estuche que lleva a cuestas a todos lados, como si fuera una mochila de supervivencia.
Este refugio cumple una doble función esencial: le sirve de escudo protector contra cualquier peligro y también funciona como su base de operaciones para alimentarse.
Es una construcción súper elaborada que la propia larva crea usando lo que encuentra en su entorno, como fibras de ropa, restos de cabello, seda y hasta el mismo polvo que se junta en las esquinas.
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