La respiración altera su ritmo característico debido a que el centro de control respiratorio en el cerebro empieza a fallar. Es común observar la llamada respiración de Cheyne-Stokes, un patrón donde la persona respira de forma rápida y profunda, seguido de respiraciones muy superficiales y pausas prolongadas de apnea (segundos sin respirar).
Asimismo, suele aparecer el denominado estertor de la muerte. Se trata de un sonido ruidoso, similar a un gárgara, que ocurre cuando el aire pasa a través de las secreciones acumuladas en la parte posterior de la garganta. Debido a la debilidad muscular, el paciente ya no tiene la fuerza para toser o tragar. La medicina paliativa aclara que este sonido suele ser más angustiante para los familiares que para el propio paciente, quien no experimenta ahogo por este motivo.
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