No todo el lenguaje corporal se reduce a la atracción física; la psicología también vincula el tacto palmar con el apego y la vulnerabilidad.
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Establecer un vínculo: Las manos son nuestra principal herramienta para explorar el mundo y conectar con los demás. Si existe una relación de confianza o están en una etapa de noviazgo, este gesto puede ser una evolución de un simple agarre de manos. Rascar o acariciar la palma busca generar una respuesta táctil placentera, demostrando ternura, afecto profundo y un deseo de hacerte sentir cómoda y segura a su lado.
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