¿Qué ocurrió después? El punto de inflexión llegó entre finales de los 70 y principios de los 80 con la llegada masiva del jarabe de maíz de alta fructosa (un endulzante extremadamente barato y adictivo) y la demonización errónea de las grasas saturadas, lo que llevó a la industria a llenar los productos «bajos en grasa» con enormes cantidades de azúcar para devolverles el sabor.
La comida rápida se convirtió en una opción diaria y económica, diseñada científicamente para ser hiperpalatable (es decir, irresistible para nuestro cerebro). Paralelamente, el ritmo de vida moderno se aceleró, el estrés crónico aumentó y el sueño disminuyó, una combinación que altera las hormonas que regulan el hambre y la saciedad.
Hoy en día, recuperar el equilibrio de los años 70 no requiere viajar en el tiempo, sino mirar atrás para rescatar lo esencial: volver a cocinar con alimentos reales, movernos más por necesidad y menos por obligación, y aprender a desconectarnos de un entorno diseñado para el consumo constante.
Leave a Comment