Paga la renta… o lárgate

Paga la renta… o lárgate

Nunca imaginé que escucharía esas palabras de la boca de mi propio hijo.
Y menos en Navidad.
Y menos aún… frente a veinticinco personas.

La mesa estaba servida. El pavo aún humeaba. Las luces parpadeaban suavemente en el árbol, como si intentaran mantener viva una alegría que, en ese instante, se rompió para siempre.

¡Paga la renta o vete! —gritó mi hijo—. Aquí nadie vive gratis.

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