Además de la descomposición celular, el propio fallo de los sistemas del cuerpo genera olores muy específicos que los médicos y enfermeros experimentados saben identificar:
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Fallo hepático y renal: Cuando el hígado y los riñones dejan de filtrar las toxinas, estas se acumulan en el torrente sanguíneo. El fallo renal terminal produce un aliento con un olor similar al amoníaco o la orina (aliento urémico). Por su parte, el fallo hepático genera un olor dulce y mohoso conocido en medicina como fetor hepaticus.
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Cetosis extrema: Al dejar de ingerir alimentos y agua en los últimos días, el cuerpo recurre a la quema de sus propias grasas para obtener energía de emergencia. Esto induce un estado de cetosis severa, lo que hace que el aliento adquiera un aroma frutal o similar a la manzana podrida (parecido al de la cetoacidosis diabética).
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