Requiere experiencia profesional, referencias impecables y tengo hijos que alimentar, la interrumpió Paloma con una firmeza que la sorprendió a ella misma. Haré lo que sea necesario, lo que sea. La mujer, cuyo nombre era Esperanza, según se presentó después suspiró profundamente. Había algo en la determinación de aquella joven madre que la conmovió. El señor Sarate vive en las afueras de la ciudad, en una mansión aislada. Necesita cuidados las 24 horas. El sueldo es suficiente para, bueno, para cambiar una vida por completo, pero tiene un temperamento explosivo y despide a la gente por cualquier cosa.
¿Cuándo puedo empezar?, preguntó Paloma sin dudarlo. Esperanza intercambió una mirada con su acompañante. Mañana por la mañana, pero te advierto, muchas han llegado con la misma determinación que tú y ninguna ha durado. Esa noche Paloma abrazó a sus hijos mientras les explicaba que mamá tendría un trabajo nuevo, que viviría en una casa grande cuidando a un señor enfermo, pero que los visitaría todos los días. Bruno, a pesar de su fiebre, se aferró a ella. “¿Y si no regresas?”, preguntó con la voz ronca.
“Siempre regresaré”, le prometió Paloma besando su frente ardiente. “Todo lo que hago es por ustedes.” Al día siguiente, un automóvil negro vino a recogerla. Durante el viaje hacia las afueras, Paloma observó como la ciudad se desvanecía y daba paso a colinas verdes y mansiones imponentes. La propiedad de Sarate era diferente a todo lo que había visto, una construcción moderna de vidrio y acero que se alzaba como una fortaleza entre jardines perfectamente cuidados. Esperanza la recibió en la entrada principal y la guió a través de pasillos decorados con obras de arte que Paloma no podía ni imaginar su valor.
“Una última advertencia”, le dijo Esperanza antes de tocar la puerta del dormitorio principal. Sarate era un hombre muy activo antes del accidente. Dirigía un imperio empresarial, viajaba por el mundo, practicaba deportes extremos. La inmovilidad lo ha vuelto amargo. No tome sus palabras como algo personal. La puerta se abrió revelando una habitación enorme dominada por una cama médica en el centro. Junto a la ventana que daba a los jardines, un hombre de cabello oscuro y rasgos marcados yacía inmóvil, conectado a varios equipos médicos.
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