Necesito encontrar a alguien urgentemente”, decía una mujer mayor de cabello gris perfectamente peinado. El señor Sarate está desesperado. Ha despedido a tres cuidadoras en el último mes. Dice que ninguna entiende lo que ta necesita. ¿Y qué necesita exactamente? Preguntó su acompañante. Una mujer más joven que tomaba notas en una agenda de cuero. Paciencia. Ante todo, el accidente lo dejó completamente paralizado del cuello hacia abajo. Es un hombre joven, apenas 40 años, pero su carácter se ha vuelto difícil, muy difícil.
Paga bien, eso sí, muy bien, pero nadie aguanta más de unas semanas. Paloma sintió que su corazón se aceleraba. Sin pensarlo dos veces, empujó la puerta del café y se acercó tímidamente a la mesa. “Disculpe”, murmuró con la voz temblorosa por los nervios. No pude evitar escuchar su conversación. “¿Necesitan una cuidadora?” La mujer mayor la examinó de arriba a abajo, notando su ropa gastada y sus zapatos desgastados. Su expresión mostraba escepticismo. Querida, este no es cualquier trabajo.
Leave a Comment