Don Manuel habló, su voz temblorosa pero firme:
“Hace más de treinta años yo era ingeniero en una planta química en Puebla. Un día, hubo una explosión. Diez personas quedaron atrapadas entre el fuego. Yo volví al edificio en llamas y logré sacar a todos. Pero sufrí quemaduras graves… y perdí mi trabajo.”
Sostuvo la medalla con orgullo.
“Esta medalla me la dio el gobierno por salvar vidas. Y uno de los hombres que saqué de aquel incendio… se llamaba Esteban Fernández.”
El padre del novio, Don Esteban, dio un paso al frente, atónito.
“¿Usted… fue mi rescatador?”
Don Manuel asintió.
“Sí. No esperaba volver a verlo, mucho menos así.”
Don Esteban se llevó la mano al pecho, con los ojos llenos de lágrimas.
“Usted me salvó la vida… y yo permití que mi esposa humillara a su familia.”
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