De pronto, se escuchó el sonido de un motor acercándose.
Un camión de basura se detuvo frente a la casa. Todos se giraron sorprendidos.
Del vehículo bajó Don Manuel López, el padre de la novia, con el rostro tranquilo y una pequeña caja de madera en sus manos. Su camisa estaba limpia, pero sus ojos mostraban años de sacrificio.
Caminó lentamente hasta el centro del patio.
“Doña Beatriz,” —dijo con calma— “es cierto. Yo recojo basura. Pero, ¿sabe usted por qué lo hago?”
Ella bufó con desprecio.
“Por dinero, ¿no? ¿Qué otra razón podría haber?”
Don Manuel negó suavemente.
“No solo por dinero. Hágame el favor de mirar esto.”
Puso la caja sobre la mesa. Diego, dudando, la abrió. Dentro había documentos viejos, un par de fotografías en blanco y negro, y una medalla dorada.
Leave a Comment