El silencio fue brutal.
Doña Rosa, la madre de María, se levantó llorando.
“Sí, mi esposo recoge basura… ¡pero con ese trabajo nos dio de comer, pagó los estudios de nuestra hija y nunca le pidió nada a nadie!”
Algunas vecinas asintieron en silencio, con lágrimas contenidas.
Pero Doña Beatriz dio media vuelta, mirando a su esposo:
“¡Esteban, nos vamos! ¡Esta boda se acabó!”
Algunos parientes del novio empezaron a levantarse, entre murmullos incómodos. Diego se quedó paralizado. Entre el amor y la familia, su corazón temblaba.
Leave a Comment