Un día una vecina me dijo que su prima se había ido a Estados Unidos y ganaba en una semana lo que aquí ganábamos en dos meses. Yo no lo pensé mucho. Solo me acuerdo que esa noche no dormí. Me acosté al lado de mis hijos, los abracé fuerte y lloré. Lloré bajito para no despertarlos, pero lloré con todo el cuerpo. A la semana siguiente ya estaba buscando cómo irme. Conseguí una visa de trabajo temporal para cuidar a una señora mayor en San José, California.
Me la consiguió una señora que conocía una familia allá. Solo era por 6 meses, según eso. 6 meses. Eso me repetía yo. Antes de irme hablé con mi mamá. Le pedí que se quedara con mis hijos mientras yo trabajaba y juntaba dinero. Me acuerdo de lo que me dijo. Ve, hija, pero prométeme que vas a volver pronto. No dejes que el dinero te robe a tus hijos. Y yo le juré que sí, que solo eran 6 meses, que no iba a dejar que eso pasara, pero pasó.
Leave a Comment