No hay que olvidar que el sistema digestivo está estrechamente conectado con las emociones. El estrés, la ansiedad o la preocupación constante pueden alterar el equilibrio del estómago y hacerlo más vulnerable a infecciones como la Helicobacter pylori.
Por eso, parte de la recuperación también incluye cuidar tu bienestar emocional. Dormir bien, practicar respiración profunda, meditar o simplemente dedicarte tiempo para ti puede tener un impacto positivo en tu sistema digestivo.
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