La Sinhá Tuvo Trillizos y Mandó a la Esclava Desaparecer con el que Nació Más Oscuro…

La Sinhá Tuvo Trillizos y Mandó a la Esclava Desaparecer con el que Nació Más Oscuro…

Johana esperó. Siguió el camino, escuchó voces. vio por una rendija a su madre. El cunaba a un niño desconocido. Le cantaba. Joana sintió su pecho oprimirse. ¿Quién era ese niño? ¿Por qué lo escondía? Joana regresó. La duda carcomía su alma. Observó a su madre. Ojos cansados, manos que escondían pan, suspiros. Una noche confrontó a Benedita. ¿Quién es el niño de la selva, madre? La pregunta cayó como disparo. Benedita se paralizó, los ojos abiertos. ¿Qué niño, Joana? ¿Qué historia es esa?

Joana ya no era una niña. Yo vi, madre, vi quién es. Es mi hermano. Benedita se sentó, contó todo. Sobre el parto, sobre el bebé de piel oscura, sobre la orden de la señora. Juana escuchó en silencio. Lloró. Es hijo del coronel. Y preguntó. Benedita asintió. Es hermano de los niños de la casa grande, murmuró Johana. procesó el secreto. Y si lo descubren, ¿qué pasa? Benedita sujetó las manos de su hija. Lo matan a él, Johana. Me matan a mí, quizás a ti también.

El miedo colgó. Johana prometió guardar el secreto, pero la revelación la cambió. Observó a los mellizos con otros ojos. Eran hermanos de Bernardo. Vivían en mundos opuestos. Esa injusticia hirvió dentro de ella. Los años pasaron lentos, pesados. Bernardo crecía fuerte, listo. Aprendía sobrevivir. Casaba, pescaba. Benedita lo visitaba. El miedo aumentaba. El niño crecía. Era más difícil de esconder. “¿Por qué no puedo ir allá, madre Benedita?”, preguntaba. Señalaba la hacienda. Allá no es lugar para ti, respondía ella.

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