La Sinhá Tuvo Trillizos y Mandó a la Esclava Desaparecer con el que Nació Más Oscuro…

La Sinhá Tuvo Trillizos y Mandó a la Esclava Desaparecer con el que Nació Más Oscuro…

La respuesta nunca bastaba. Todo se desmoronó en una tarde de agosto. Benedito y Bernardino, de 10 años, huyeron de su institutriz. Cabalgaron hacia la selva. Reían, buscaban aventura, llevaban escopetas de juguete. “¡Vamos a cazar un jaguar!” Y gritaba Benedito. Se adentraron. Escucharon un silvido. Pararon los caballos. Vieron la chavola, vieron a un niño de piel morena, descalso, vestía arapos. Estaba sentado, silvaba una melodía triste. Bernardo levantó los ojos. Vio a los dos niños de piel clara, montados a caballo, vestidos como pequeños señores.

Se paralizó. ¿Quién eres? Di, preguntó Bernardino. Bernardo no respondió. Le habían enseñado a no ser visto. Era tarde. Benedito se rió. Es un muchacho fugitivo. Contemos a mi padre. Bernardino dudó. Algo era familiar en el rostro de Bernardo, los ojos oscuros, la manera de inclinar la cabeza. Espera, dijo Bernardino. ¿Vives aquí? Bernardo asintió. Solo Bernardo dudó, movió la cabeza. No, madre Benedita viene a verme. El nombre cayó. Benedito y Bernardino se miraron confusos. Benedita trabajaba en la casa grande.

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