La Sinhá Tuvo Trillizos y Mandó a la Esclava Desaparecer con el que Nació Más Oscuro…

La Sinhá Tuvo Trillizos y Mandó a la Esclava Desaparecer con el que Nació Más Oscuro…

Así no trae más dolor. Tertuliano permaneció en silencio. Pasó la mano por sus bigotes. Sus ojos se fijaron en los dos bebés vivos. La noticia lo afectó. “Dios da, Dios quita”, murmuró. Hizo la señal de la cruz. Forzó una sonrisa. Sujetó a los dos niños. Entonces que sea. Estos dos serán fuertes. Benedito y Bernardino. Mis herederos. Amelia respiró aliviada. La mentira funcionó. Benedita, escondida, escuchó todo. Tapó su boca. Las lágrimas caían silenciosas. Amelia mintió con perfección. El coronel creyó.

El bebé de piel oscura abandonado era oficialmente inexistente, un fantasma, un secreto. Benedita sintió un escalofrío. Había obedecido, pero era complicidad en un crimen. El peso era una cadena. Los días siguientes fueron de aparente normalidad. Amelia se recuperaba rodeada de esclavas. Le traían caldo de gallina. Los mellizos eran amamantados por Rosa, una nodriza. Ella había perdido a su propio hijo. El coronel Tertuliano paseaba por la hacienda, supervisaba la cosecha de café, gritaba órdenes, bebía aguardiente. No sabía que su sangre corría en un tercer niño.

Condenado a muerte segura, Benedita trabajaba día y noche. Lavaba ropa, cocinaba, servía a la señora. Su mente estaba en la chavola, en el bebé que dejó. Rezaba todas las noches, pedía perdón. Su hija Johana notó el cambio en su madre. Ojos rojos, silencio pesado, suspiros profundos. ¿Qué tienes, madre? Yo preguntaba. Benedita solo movía la cabeza. Nada, hija. Es el cansancio. Pero era culpa. El vacío crecía, el secreto quemaba, sabía que se revelaría. Tres días después del parto, Benedita no aguantó más.

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