Para reducir riesgos y mantener sus propiedades naturales, lo ideal es:
- Almacenarlas en un lugar seco y oscuro, preferentemente una alacena o un cajón de madera ventilado.
- Evitar la luz directa, ya que puede provocar que las patatas germinen.
- No refrigerarlas ni congelarlas, ya que el frío acelera la conversión de almidón en azúcares simples.
¿Y si la patata ya ha germinado?
Las patatas germinadas contienen solanina, una sustancia tóxica que puede provocar malestares digestivos, náuseas e incluso intoxicaciones si se consume en grandes cantidades. Si una patata está arrugada, con brotes o zonas verdes, lo mejor es descartarla.
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