Para que la rutina funcione de verdad, hay que integrarla a la vida cotidiana. Algunas ideas:
- Hacerla después de cepillarte los dientes.
- Practicarla al despertar, antes de levantarte de la cama.
- Realizarla antes de dormir como parte de tu ritual nocturno.
- Hacerla sentado mientras miras televisión, pero manteniendo la atención en el cuerpo.
Lo esencial es la constancia diaria, no la perfección.
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