La revelación fue aún más profunda. La Virgen no se limita a recibir estas rosas: las utiliza activamente. Según el santo, María recorre con ellas los caminos del cielo y del mundo, tocando corazones endurecidos, consolando a los moribundos, protegiendo a los inocentes y acompañando a las almas que más necesitan de su intercesión.
Las rosas nacidas de rosarios rezados con verdadero amor —decía— tienen un poder especial. Con ellas, la Virgen desciende espiritualmente para cuidar a sus hijos frente a peligros visibles e invisibles.
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