Según el testimonio que el propio Padre Pío confió a sus confesores, la Virgen le mostró lo que sucede en el cielo cada vez que una persona reza el Rosario con fe. Cada Ave María —explicó— no es solo una oración pronunciada en la tierra, sino que se transforma en una rosa viva en las manos de María.
Cada parte de la oración da forma a esa rosa espiritual: pétalos blancos de pureza, destellos dorados de gracia, tonos celestiales imposibles de describir con palabras humanas. Cuando la oración se completa, la rosa queda formada por entero y pasa a cumplir una misión concreta en el plan de Dios.
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