Me senté en mi auto, frente a la casa que mi dinero compró, y marqué a la licenciada Elena Ruiz, la abogada que había llevado mis asuntos desde que Lupita murió.
—Don Roberto… es sábado en la noche. ¿Está todo bien?
—Necesito la documentación de la compra de la casa. Toda.
Le conté todo. El ultimátum. La traición de mi hijo. El “algo de dinero una vez”. Hubo un silencio largo del otro lado.
—Don Roberto… ¿recuerda esos documentos adicionales que le pedí firmar? —preguntó ella.
Mi corazón empezó a latir más rápido.
—Dígame que me protegió.
—Los 14,790,000 pesos no fueron un regalo. Legalmente fue un préstamo, y usted figura en la escritura como copropietario. Vanessa nunca firmó los reconocimientos… así que, ante la ley, usted es dueño del 35% de esa casa.
Leave a Comment