Sentí que el mundo se detenía.
—¿Habla en serio?
—Completamente. Si usted quisiera vender su parte, puede forzar una venta. Ellos pueden comprar su porcentaje al valor de mercado… o la casa se vende y se divide.
Miré hacia la ventana. Vanessa se probaba el velo en una videollamada, riéndose, como si yo ya no existiera.
—Licenciada —dije—, prepare un aviso de intención de venta. Que se entregue el lunes, en sus manos, con acuse de recibo.
—¿Está seguro?
—Nunca he estado más seguro de algo en mi vida.
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