Fue allí donde conoció a una anciana gitana llamada Clara.
La mujer se sentó a su lado y lo observó en silencio durante varios minutos.
—Tenés un vacío enorme adentro, hijo… y si seguís así, te vas a dejar morir.
Después sacó unas enormes llaves oxidadas de su abrigo.
—Comprame mi vieja casa en Valle del Lobo. Está perdida en medio del bosque. Nadie te va a encontrar allí.
Víctor no hizo preguntas.
Le entregó los pocos billetes que tenía y tomó las llaves.
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