El viaje fue agotador.
Un viejo colectivo lo dejó a kilómetros del destino y tuvo que caminar durante horas entre barro, lluvia helada y caminos destruidos.
Cuando finalmente llegó a Valle del Lobo, sintió que había entrado en otro mundo.
La aldea parecía abandonada.
Las casas estaban destruidas.
Los techos hundidos.
Las calles vacías.
La vivienda que había comprado era la última del pueblo, pegada al bosque.
Leave a Comment