Esa noche Elena dejó claras las nuevas reglas.
Martín sería bienvenido en la finca, pero avisando con anticipación.
No volvería a llevar personas sin permiso.
Y además, los depósitos mensuales terminarían definitivamente.
Martín quiso protestar, pero no pudo.
Sabía que su madre tenía razón.
—Ya eres un hombre adulto —dijo Elena—. Es hora de vivir con tus propios medios.
Después de un largo silencio, él asintió.
Leave a Comment