—¿Por qué hiciste todo eso? —preguntó Martín.
Elena lo miró directamente a los ojos.
—Porque nunca me escuchabas.
Hubo silencio.
Entonces ella continuó:
—Pasé toda mi vida resolviendo tus problemas, acomodándome a tus necesidades y sacrificando mi bienestar para que fueras feliz. Y aun así llegaste al punto de decirme que me fuera de mi propia casa si no estaba de acuerdo contigo.
Martín bajó la mirada.
Por primera vez parecía avergonzado de verdad.
—Nunca pensé que te sintieras así.
—Ese es precisamente el problema, hijo. Nunca pensaste en cómo me sentía yo.
Las palabras quedaron suspendidas en el aire.
Finalmente, Martín respiró hondo.
—Perdóname, mamá.
Y Elena supo que esas palabras eran sinceras.
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