Doña Leonor, radiante, presumía al bebé frente a todos.
—Mírenlo nada más —decía, alzando su copa de champaña—. Qué fuerte, qué sano. Completamente distinto a ese niño inservible que tuvo Valeria.
La arrogancia les duró exactamente 2 horas.
En el punto más alto del evento, cuando Diego estaba sobre el escenario dando 1 discurso sobre las segundas oportunidades, el bebé en brazos de Sofía empezó a ponerse morado. Primero fue 1 quejido ahogado. Luego, los pequeños pulmones dejaron de recibir oxígeno. El cuerpecito se aflojó drásticamente.
Sofía soltó 1 grito desgarrador. Doña Leonor dejó caer su copa, rompiéndola en 1000 pedazos. Diego saltó del escenario. El pánico consumió la fiesta y 1 ambulancia rasgó la noche de la Ciudad de México a toda velocidad hacia urgencias.
Valeria llegó al hospital privado en Santa Fe 1 hora después. Llevaba 1 elegante vestido rojo oscuro. No era para llamar la atención, era 1 declaración de guerra. En sus brazos, dormía plácidamente su hijo sano.
Frente a la sala de choque, Diego estaba irreconocible. Sujetaba al médico por la bata, desesperado.
—¡Sálvenlo! ¡Es mi hijo biológico, tiene que salvarlo!
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