El médico lo apartó con dureza.
—Señor Castañeda, este bebé tiene 1 insuficiencia cardíaca en etapa terminal. Esto se les informó desde el día 1 de su nacimiento. ¿Por qué demonios durante 1 mes entero este niño no recibió ni 1 solo medicamento ni tratamiento cardiológico?
Diego se quedó petrificado. Se giró lentamente hacia Sofía, quien temblaba incontrolablemente.
—No… eso es imposible… —balbuceó ella.
El doctor fue implacable.
—Este bebé necesitaba cuidados intensivos 24 horas al día. Al sacarlo de control médico para llevarlo a eventos sociales, firmaron su sentencia.
Sofía, histérica, señaló a Valeria que venía caminando por el pasillo.
—¡No! ¡El bebé enfermo era el hijo de Valeria! ¡Nosotros los cambiamos!
El silencio cayó como plomo en el hospital. Doña Leonor se llevó las manos al pecho, horrorizada por la confesión. Valeria detuvo sus pasos. El sonido de sus tacones resonó como un martillo de juez.
—Sofía —dijo Valeria con 1 voz gélida—, en México puedes equivocarte de amante, pero jamás te equivoques al confesar 1 delito federal frente a médicos y cámaras de seguridad.
Diego la miró, con el alma cayéndosele a pedazos.
—Valeria… ¿qué hiciste?
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