—Al menos mi hijo sí sabe dónde poner su corazón.
Valeria no respondió. Solo apretó al bebé contra su pecho. El niño que Diego cargaba con tanto orgullo era, en realidad, el hijo desahuciado de Sofía. Y el bebé tranquilo que dormía en los brazos de Valeria era el único heredero legítimo de su propia sangre.
Durante 1 mes entero, Valeria se llevó a su hijo a Guadalajara, a la residencia de su poderosa familia, los Garza. Cortó todo contacto. No respondió llamadas ni recibió a los enviados de su esposo. Su padre, un influyente empresario tapatío, puso seguridad privada en cada entrada. Valeria pasó ese mes recuperándose de la cirugía y planeando cada uno de sus movimientos. Cada noche verificaba la pequeña media luna en el pie de su hijo. Estaba a salvo.
Mientras tanto, los rumores estallaron en la alta sociedad mexicana. Diego Castañeda había organizado 1 fiesta monumental para celebrar el 1 mes del supuesto hijo de Sofía. Fue 1 misa exclusiva en 1 capilla privada, seguida de 1 opulenta recepción en 1 ex-hacienda a las afueras de la capital. Políticos, celebridades y socios estaban invitados. Diego declaró públicamente que adoptaría al niño de Sofía y anunció que transferiría el 15 por ciento de las acciones del corporativo a nombre de la criatura.
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