En la vida cotidiana usamos “máscaras” —lo que Jung llamaba la “persona”— para adaptarnos al entorno social.
Sin embargo, en el propio hogar muchas personas desean desprenderse de esa máscara. Quieren estar en ropa cómoda, en silencio, sin tener que cumplir un rol.
Recibir visitas implica volver a colocarse esa estructura social. Y cuando alguien valora profundamente la autenticidad, puede resistirse a hacerlo en su espacio más íntimo.
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