Algunas personas perciben con intensidad el clima emocional de los demás.
Recibir visitas implica adaptarse, escuchar, responder, sostener conversaciones, armonizar dinámicas. Para alguien emocionalmente sensible, esto puede resultar agotador.
No es que no disfrute la compañía. Es que su sistema nervioso necesita más recuperación después del contacto social.
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