“Nadie creía en la choza de la viuda, escondida en lo profundo de la cueva… hasta que una tormenta que duró cinco días dejó a toda la ciudad sumida en el hielo.”

“Nadie creía en la choza de la viuda, escondida en lo profundo de la cueva… hasta que una tormenta que duró cinco días dejó a toda la ciudad sumida en el hielo.”

—¿Qué?

—El refugio.

Durante un segundo nadie habló.

Luego alguien soltó una risa nerviosa.

—¿De verdad vamos a ir al búnker de la loca?

Pero otra ráfaga sacudió el edificio con tanta fuerza que las luces de emergencia parpadearon.

Entonces la risa desapareció.

—Tal vez… —murmuró Carmen— tal vez no sea tan mala idea.

La caminata hasta la casa de Elena fue una pesadilla.

El viento empujaba con tanta fuerza que era difícil mantenerse de pie.

Cinco personas salieron primero: Don Ramiro, Carmen, el joven Lucas, la señora Marta y Tomás, el mecánico.

La nieve ya les llegaba casi a las rodillas.

Las linternas apenas iluminaban unos metros delante de ellos.

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