“Nadie creía en la choza de la viuda, escondida en lo profundo de la cueva… hasta que una tormenta que duró cinco días dejó a toda la ciudad sumida en el hielo.”

“Nadie creía en la choza de la viuda, escondida en lo profundo de la cueva… hasta que una tormenta que duró cinco días dejó a toda la ciudad sumida en el hielo.”

Afuera el viento rugía como un animal enorme.

Pero bajo tierra, el refugio apenas se movía.

Esa noche, en el centro del pueblo, la situación empeoró.

Una ráfaga especialmente fuerte arrancó el techo del viejo granero municipal.

Las chapas volaron por el aire como hojas de metal.

Una de ellas atravesó la ventana del bar.

La gente que aún estaba allí corrió hacia el interior.

—¡Tenemos que reunirnos todos en un lugar seguro! —gritó alguien.

Pero ¿dónde?

Las casas de madera crujían peligrosamente. Algunas ventanas ya habían explotado por la presión del viento.

La nieve bloqueaba las puertas.

Fue entonces cuando Carmen, la panadera, dijo algo que hizo que todos se quedaran en silencio.

—La viuda.

Don Ramiro la miró.

Post navigation

Leave a Comment

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

back to top