Pero el pueblo seguía riéndose.
—Cuando venga el apocalipsis iremos a tocarle la puerta —decían entre bromas.
Elena nunca respondió. Solo seguía trabajando.
Cuando terminó, a finales de noviembre, cubrió la entrada con una pequeña caseta de madera para disimularla. Desde fuera parecía un simple cobertizo para herramientas.
Entonces llegó el invierno.
Al principio fue normal. Frío, nieve ligera, días cortos. Nada fuera de lo común.
Hasta que en enero apareció la tormenta.
Los meteorólogos en la radio comenzaron a hablar de un frente polar inusual. Pero en el pueblo nadie se preocupó demasiado.
Hasta la noche en que el viento empezó
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PARTE 2
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