Pero lo que más sorprendió a todos fue el silencio.
El bosque estaba destrozado.
Árboles caídos por todas partes.
Techos arrancados.
La carretera principal había desaparecido bajo montones de nieve.
Valdemora parecía un pueblo abandonado.
Pero la gente estaba viva.
Gracias a un refugio que meses atrás había sido motivo de burla.
Semanas después, cuando finalmente llegaron equipos de rescate de la ciudad, el pueblo todavía hablaba de una sola cosa.
El refugio de Elena.
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