—¿Por qué?
—Por todas las veces que dije que estabas loca.
Elena sonrió levemente.
—Tal vez lo estaba.
Pero entonces Lucas negó con la cabeza.
—No.
Todos lo miraron.
—El loco era el pueblo —dijo él.
Pasaron dos días bajo tierra.
La tormenta no se detenía.
Más personas comenzaron a llegar.
Primero dos.
Luego tres más.
Cada vez que alguien golpeaba la puerta del cobertizo, Elena los dejaba entrar.
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