Esa noche el viento alcanzó su punto más violento.
Árboles enteros cayeron en el bosque.
Varias casas perdieron partes del techo.
Pero bajo la tierra, el refugio resistía.
Elena había calculado espacio para seis personas.
Ahora eran seis.
Durante horas escucharon el rugido lejano de la tormenta.
Carmen repartió algunas conservas.
Lucas alimentó la estufa.
La señora Marta tejía en silencio, como si eso ayudara a mantener la calma.
En un momento Don Ramiro miró a Elena.
—Te debo una disculpa.
Ella levantó la vista.
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