Bidones de agua.
Mantas.
Una mesa.
Y la estufa de hierro que mantenía el aire cálido.
Lucas miró alrededor con los ojos abiertos.
—Esto… esto es increíble.
Don Ramiro pasó la mano por la pared.
—¿Lo hiciste sola?
Elena asintió.
—Con los planos de Mateo.
Durante un momento nadie habló.
Porque todos estaban pensando lo mismo.
Habían pasado meses riéndose de aquello.
Y ahora… era el lugar más seguro de todo el pueblo.
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