“Nadie creía en la choza de la viuda, escondida en lo profundo de la cueva… hasta que una tormenta que duró cinco días dejó a toda la ciudad sumida en el hielo.”
Cada mirada de burla cuando pasaban frente a su jardín.
Pero también recordó a Mateo.
Y lo que él siempre decía.
“En el bosque, si alguien se pierde, lo ayudas. No importa quién sea.”
Elena suspiró.
—Entren rápido.
Cuando Elena abrió la pequeña caseta del jardín, los cinco visitantes se quedaron congelados.
Debajo había una puerta de madera reforzada.
Elena levantó el pestillo.
—Bajen con cuidado.
Uno por uno descendieron por la escalera.
Cuando llegaron abajo, el silencio los sorprendió.
El refugio era pequeño, pero sólido.
Había estanterías llenas de conservas.
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