Su esposo llegó riendo al funeral con la amante, sin saber que la esposa embarazada dejó 1 trampa maestra para destruirlos frente a todos

Su esposo llegó riendo al funeral con la amante, sin saber que la esposa embarazada dejó 1 trampa maestra para destruirlos frente a todos

Sebastián palideció tan rápido que parecía que le hubieran drenado la sangre. Dio 1 paso amenazador hacia el abogado.
—¡Eso es 1 estupidez! —gritó, olvidando por completo dónde estaba—. ¡Lucía no tenía acciones! ¡Esa empresa es mía!

El licenciado Méndez no retrocedió. Lo miró con 1 frialdad calculada.
—Poseía exactamente el 13 por ciento, Sebastián. Tu padre, don Ignacio Santillán, se las transfirió a ella en secreto 4 meses antes de morir, como 1 medida de protección. Los documentos están notariados e inscritos en el registro público.

La mandíbula de Sebastián se tensó hasta casi romperse. Sus ojos inyectados en sangre buscaron a los socios de la empresa que observaban desde las bancas.
—Mi padre estaba senil. Esa transferencia es 1 fraude. Él no sabía lo que hacía.

Fue entonces cuando Elena habló. Su voz no tembló. No era la voz de 1 viuda o 1 anciana derrotada, sino la de 1 verdugo.
—Tu padre no estaba senil, Sebastián. Estaba aterrado. Sabía perfectamente en qué clase de psicópata te habías convertido, y quiso proteger a Lucía del monstruo que crió.

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