El eco de la voz del abogado Méndez pareció congelar el aire en la catedral. En las primeras 4 filas, donde se sentaban los pesos pesados de la élite empresarial tapatía, el silencio era absoluto.
Mariana dejó escapar 1 resoplido lleno de burla, cruzándose de brazos.
—¿1 testamento? Por favor. Todo lo que tenía se lo compró Sebastián.
Ignorando el comentario, el abogado rompió el sello del sobre con 1 abrecartas.
—Procedo a leer —dijo, ajustando el micrófono—. “Yo, Lucía Ramírez, en pleno uso de mis facultades mentales, dejo la totalidad de mis bienes personales, cuentas de inversión bancarias, la casa de descanso en Chapala, y, lo más importante, mi 13 por ciento de acciones con derecho a voto dentro de Laboratorios Santillán, a mi madre, Elena Ramírez”.
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