Sebastián frunció el ceño, perdiendo su máscara de viudo afligido.
—Arturo, ¿qué haces aquí? Este no es el momento —siseó, molesto.
El abogado se acomodó los lentes, ignorando a Sebastián, y sacó 1 sobre color crema. Se paró frente al micrófono reservado para las lecturas.
—Por instrucciones legales inquebrantables de la señora Lucía Ramírez de Santillán, su última voluntad debe ser leída públicamente antes de que su cuerpo reciba sepultura —anunció el abogado. Su voz resonó en toda la bóveda.
Nadie en esa iglesia podía imaginar el infierno que estaba a punto de desatarse.
PARTE 2
Leave a Comment