Luego, la voz de Sebastián resonó en el templo. Era fría, desprovista de cualquier humanidad. Sonaba aburrido.
—Deja de hacer drama, Lucía. Solo es el té para los nervios. Tómate todo el vaso.
—Sabe muy raro… me duele el vientre… el bebé no se mueve… —la voz de Lucía se cortó con 1 tos violenta. Se escuchó el sonido de 1 vaso de cristal haciéndose añicos contra el suelo de mármol.
—Claro que sabe raro, Mariana lo consiguió en un mercado en Tonalá —dijo Sebastián en la grabación, seguido de 1 risa cruel—. Dijo que esta hierba es infalible para los “problemas prematuros”. Si algo le pasa a esa cosa que llevas dentro, los médicos dirán que tu presión alta colapsó. Todos saben que estás loca. A nadie le va a importar.
—Las acciones… —jadeó Lucía en la grabación, luchando por cada aliento—. No te vas a quedar con la empresa… mi papá me lo dejó todo a mí…
Hubo 1 silencio pesado en el audio. El sonido de pasos acercándose. Y luego, el veneno puro en la voz de Sebastián.
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