—Eres 1 estúpida, mi amor. ¿De verdad creíste que ibas a vivir lo suficiente para usar ese 13 por ciento? Mañana en la mañana, seré el viudo más triste de todo México. Y Mariana será la nueva señora Santillán. Ahora, cierra los ojos y deja de pelear.
La grabación terminó abruptamente con el sonido de la puerta cerrándose con llave.
El silencio que siguió en la Catedral de Guadalajara fue ensordecedor. Nadie se movía. Nadie respiraba. La monstruosidad de lo que acababan de presenciar había paralizado a cada 1 de los asistentes.
Mariana estaba de rodillas en el piso de piedra, sollozando histéricamente, pero no por arrepentimiento, sino por puro terror. El maquillaje oscuro le escurría por las mejillas, arruinando su costoso vestido.
—¡Fue su idea! —gritó Mariana, apuntando con un dedo tembloroso a Sebastián—. ¡Él me obligó a comprar las gotas! ¡Él me dijo que me mataría a mí también si no lo ayudaba! ¡Yo no quería hacerlo!
Sebastián, acorralado contra la columna por el comandante Morales, le lanzó a su amante 1 mirada cargada de odio irracional.
—¡Cállate, maldita gata! ¡Tú preparaste la infusión!
Leave a Comment