Mariana era la asistente ejecutiva de Sebastián y, desde hacía 8 meses, el secreto peor guardado de la familia. Llevaba 1 vestido negro demasiado ajustado para la ocasión, 1 tocado de red que apenas cubría sus ojos maquillados y unos labios pintados de un rojo desafiante. Sus tacones de aguja resonaban contra el piso de piedra como si estuviera marcando el ritmo de su victoria.
Los murmullos estallaron de inmediato en las bancas. Las tías de Lucía se persignaron, escandalizadas. Los socios de Laboratorios Santillán, la empresa del viudo, intercambiaron miradas incómodas.
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