Su esposo llegó riendo al funeral con la amante, sin saber que la esposa embarazada dejó 1 trampa maestra para destruirlos frente a todos

Su esposo llegó riendo al funeral con la amante, sin saber que la esposa embarazada dejó 1 trampa maestra para destruirlos frente a todos

No era 1 sollozo ahogado ni 1 risa nerviosa. Era 1 carcajada breve, descarada y llena de triunfo.

Toda la iglesia volteó hacia las pesadas puertas de madera. Ahí, enmarcado por la luz del exterior, estaba Sebastián Santillán, el viudo. Llevaba 1 traje negro de diseñador que abrazaba su figura atlética, 1 reloj de lujo brillando en su muñeca izquierda y una postura de absoluta arrogancia. Pero no venía solo. Del brazo, caminando con la misma naturalidad con la que se paseaba por los centros comerciales más exclusivos de Zapopan, estaba Mariana Lagos.

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