Elena rompió en un llanto desgarrador, un lamento que venía desde lo más profundo de sus entrañas. Se abrazó su enorme vientre de 6 meses, tratando de proteger al bebé, como si el simple acto de respirar pudiera ponerlo en peligro.
—Tu mamá… tu mamá me lo dijo —sollozó Elena, casi ahogándose con sus propias lágrimas—. Cuando perdimos al primer bebé hace 2 años… ella me arrinconó en la cocina. Me dijo que fue mi culpa. Que por estar todo el día de pie en el mercado, por moverme tanto, yo misma había matado a mi hijo. Me dijo que mi cuerpo no servía para dar vida si no me quedaba quieta.
Mateo sintió como si le hubieran dado un martillazo en el pecho.
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